Cambiar un coche de combustión por uno eléctrico reduce hasta un 58% el CO2

📅 ✍️ Redacción Energelia
Contaminación por vehículos en Madrid

Un estudio despeja las dudas sobre cuándo conviene electrificar el parque automovilístico

¿Es mejor seguir usando un coche de combustión reciente hasta el final de su vida útil o sustituirlo cuanto antes por un eléctrico? Esta pregunta, habitual entre quienes se plantean dar el salto a la electromovilidad, tiene ahora una respuesta respaldada por la ciencia. Un estudio publicado en la revista Science y elaborado por investigadores de las universidades de California en Santa Cruz y Santa Bárbara concluye que, desde el punto de vista climático, siempre compensa más adelantar la sustitución, incluso si el vehículo de combustión tiene apenas uno o dos años de antigüedad.

El trabajo, firmado por Elliott Campbell (UC Santa Cruz) y David Bren (UC Santa Bárbara), ha modelizado el impacto ambiental de dos escenarios: retirar y desguazar vehículos de combustión o híbridos convencionales de manera temprana para sustituirlos por eléctricos, frente a mantenerlos circulando durante toda su vida útil media, estimada en 16 años. Para ello, los autores han analizado las emisiones de CO2 de más de 400 modelos de coches de combustión, así como los procesos de fabricación de vehículos eléctricos, las fuentes de generación de la red eléctrica utilizada para su carga y el kilometraje recorrido.

Hasta un 58% menos de emisiones si la sustitución es inmediata

Los resultados son contundentes: cuando un vehículo de gasolina se retira al primer año de uso y se sustituye por uno eléctrico, las emisiones de carbono acumuladas a lo largo de un periodo de 16 años se reducen un 58%. Si la sustitución se produce en el segundo año, la reducción sigue siendo notable, del 44%.

Los investigadores también han calculado el tiempo que tarda un vehículo eléctrico en compensar, mediante su conducción más limpia, las emisiones generadas durante su propia fabricación. Según sus estimaciones, ese punto de equilibrio se alcanza en unos tres años; a partir de ahí, los beneficios climáticos del eléctrico se multiplican de forma sostenida.

«Los automóviles de gasolina solo dedican el 20% de la energía del combustible a mover el vehículo, el resto se pierde en forma de calor. A diferencia de los eléctricos, que son eficiencia pura. La sustitución compensa», explica Elliott Campbell, uno de los autores del estudio.

Este dato conecta con uno de los argumentos técnicos más repetidos en el sector del vehículo eléctrico: la superioridad energética del motor eléctrico frente al de combustión interna, que arrastra pérdidas térmicas muy elevadas incluso en sus versiones más modernas y eficientes.

No todos los casos son iguales: matices y excepciones

El estudio identifica varias excepciones relevantes. Los vehículos híbridos enchufables constituyen un caso particular: al incorporar ya una batería eléctrica cuyo reciclaje tiene un impacto ambiental considerable, no resulta recomendable retirarlos antes de tiempo.

Tampoco compensa sustituir vehículos de combustión que recorren pocos kilómetros al año. Los autores fijan umbrales concretos por debajo de los cuales no se justifica el cambio: 7.054 kilómetros anuales en el caso de los turismos, 6.837 kilómetros para los SUV y 10.794 kilómetros para los camiones.

Otro factor determinante es el origen de la electricidad utilizada para cargar el vehículo eléctrico. En zonas donde la red depende en gran medida de combustibles fósiles muy contaminantes, como el carbón, el beneficio climático de circular con un eléctrico se reduce, ya que resulta más difícil compensar las emisiones generadas durante su fabricación. Aun así, los investigadores señalan que, incluso en las redes eléctricas más contaminantes de Estados Unidos, retirar anticipadamente los coches de gasolina más eficientes en consumo de combustible sigue ofreciendo ventajas netas en la reducción de emisiones.

Implicaciones para las políticas públicas de electrificación

Las conclusiones del estudio apuntan directamente a las políticas de fomento del vehículo eléctrico. Según los autores, «apoyar a los conductores a pasar de los vehículos con motor de combustión a los vehículos eléctricos lo antes posible es crucial para luchar contra el cambio climático». La investigación sugiere además que los programas de «desguace y sustitución» podrían ampliar sus criterios de elegibilidad a una gama más amplia de vehículos de combustión, no solo a los modelos con mayores emisiones.

Mikel González, profesor de investigación del Centro Vasco de Investigación Climática (BC3), ha valorado el estudio en declaraciones recogidas por Science Media Centre, señalando que el trabajo «tiene implicaciones de política pública interesantes, ya que muestra que tiene sentido seguir apoyando con subvenciones la sustitución de vehículos de combustión fósil por eléctricos si se quiere acelerar la descarbonización».

En España, donde programas como el PERTE VEC impulsan la electrificación del parque móvil mediante ayudas directas a la compra y al despliegue de infraestructura de recarga, estos resultados refuerzan el argumento científico detrás de las políticas de incentivo a la movilidad eléctrica, especialmente en un contexto en el que el mix eléctrico nacional incorpora cada vez mayor proporción de renovables, lo que maximiza el beneficio climático de cada vehículo eléctrico que sustituye a uno de combustión.

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