Los españoles priorizan la durabilidad sobre el precio al comprar un coche en 2026
La durabilidad desplaza al precio como criterio principal de compra
El perfil del comprador de automóviles en España ha cambiado de forma notable. Según el Estudio Motor 2026 del Observatorio Cetelem, la durabilidad se ha convertido en el factor más valorado a la hora de elegir un vehículo, con un 66% de menciones, superando por primera vez al precio, que queda en segunda posición con un 65%. La diferencia es pequeña, pero el desplazamiento resulta significativo: el consumidor español ya no busca únicamente pagar menos; quiere, sobre todo, reducir el riesgo de tomar una mala decisión.
Detrás de este cambio de prioridades hay un contexto muy concreto. La proliferación de nuevas tecnologías de propulsión, la incertidumbre regulatoria sobre zonas de bajas emisiones, la aparición de marcas procedentes de China y la velocidad a la que evoluciona el software de los vehículos han transformado la compra de un coche en algo mucho más parecido a una inversión tecnológica que a una simple adquisición de transporte. El vehículo ya no solo tiene que aguantar kilómetros: debe seguir siendo legal, accesible y tecnológicamente vigente dentro de cinco o diez años.
Este temor a la obsolescencia aparece reflejado con claridad en el estudio: el 58% de los conductores españoles reconoce que le preocupa que el coche que compre hoy pueda quedar desfasado —tecnológica o legalmente— en un plazo corto de tiempo. Una inquietud que afecta tanto a quienes dudan entre gasolina, híbrido e híbrido enchufable, como a quienes ya han decidido apostar por el eléctrico pero esperan el momento adecuado.
El coste total de uso gana protagonismo frente al precio de etiqueta
Aunque la durabilidad ocupa la primera posición, el precio sigue condicionando buena parte de las decisiones. Según los datos de Cetelem, el 47% de los conductores reconoce que el coste del vehículo ha influido de algún modo en su proceso de compra. Dentro de ese grupo, el 60% ha optado por posponer la adquisición a la espera de una bajada de precios, mientras que el 40% restante ha dirigido su búsqueda hacia el mercado de segunda mano.
Esta dinámica encaja con los datos de matriculaciones: el mercado de turismos creció un 6,2% en el primer semestre de 2026, hasta las 647.711 unidades, pero el precio del vehículo nuevo sigue siendo uno de los principales frenos para el comprador particular, especialmente en el segmento eléctrico.
Más allá del precio de compra, el consumidor empieza a incorporar una visión más completa del gasto. El 81% de los encuestados afirma tener muy o bastante en cuenta el coste total de uso: mantenimiento, consumo energético, seguro, impuestos y posibles recargos de acceso urbano. Este enfoque es especialmente relevante para el vehículo eléctrico, cuya inversión inicial suele ser superior a la de un equivalente de combustión, pero cuyo coste por kilómetro puede ser sensiblemente menor para quienes tienen posibilidad de recargar en casa o en el lugar de trabajo.
El eléctrico avanza, pero los híbridos lideran la intención de compra
En cuanto a las preferencias de motorización, el informe muestra una electrificación progresiva de la demanda, aunque todavía tímida y condicionada por barreras bien conocidas. Entre quienes prevén comprar un coche en los próximos doce meses, el 48% se inclina por un vehículo híbrido, con un reparto igualado entre el híbrido convencional y el híbrido enchufable (PHEV).
La gasolina queda en segunda posición, con un 19% de intención de compra, mientras que el vehículo 100% eléctrico alcanza el 18%, lo que supone cinco puntos porcentuales más que el año anterior. El diésel continúa su retroceso estructural y se sitúa en el 14%, muy lejos del papel dominante que tuvo durante décadas en el mercado español.
Sin embargo, el avance del eléctrico sigue topando con obstáculos concretos. La autonomía encabeza las preocupaciones, citada por el 50% de los conductores. A continuación aparecen el precio del vehículo (48%), el tiempo de recarga (34%) y la falta de confianza en la tecnología o la escasez de puntos de carga, ambas mencionadas por el 29%.
En el caso de los híbridos enchufables, las dudas son algo distintas: el precio es la preocupación principal (40%), seguido de la autonomía eléctrica real, la disponibilidad de infraestructura de recarga y el tiempo necesario para recuperar la carga de la batería. Los PHEV ofrecen una transición cómoda entre el mundo de la combustión y el eléctrico, pero solo resultan eficientes —tanto económica como medioambientalmente— cuando se cargan con regularidad. Utilizados siempre con la batería descargada, su ventaja se diluye.
Una decisión cada vez más informada y más compleja
El retrato que dibuja el Estudio Motor 2026 es el de un comprador más cauteloso, más informado y más consciente del largo plazo. La durabilidad ya no es solo una cuestión mecánica —que el motor aguante— sino también regulatoria, tecnológica y económica. En un mercado en transformación acelerada, el consumidor español quiere asegurarse de que lo que compra hoy seguirá siendo una buena elección dentro de varios años.
Este cambio de mentalidad tiene implicaciones directas para el sector. Las marcas que logren transmitir confianza —en la vida útil del vehículo, en la red de asistencia posventa, en la estabilidad del software y en el valor de reventa— tendrán una ventaja competitiva real, más allá de la guerra de precios. Y para el segmento eléctrico en particular, superar las barreras de la autonomía y la infraestructura de recarga sigue siendo la asignatura pendiente que determinará el ritmo de la transición en los próximos años.