El sector energético, el que más considera a la infancia según UNICEF España

📅 ✍️ Redacción Energelia
Central hidroeléctrica en España

La energía, el sector económico más comprometido con la infancia en España

El sector energético es, entre los grandes sectores de la economía española, el que mayor atención presta a los derechos de niños, niñas y adolescentes. Así lo concluye el estudio Todas las empresas impactan en la infancia, elaborado por UNICEF España en colaboración con el Centro de Innovación Social y Sostenibilidad del IE University. El informe analiza 75 empresas pertenecientes a diez sectores considerados clave para la infancia: alimentación, consumo, energía, estética, medios de comunicación, salud, servicios financieros, tecnología y gaming, textil y calzado, y turismo y viajes.

La energía obtiene la puntuación media más alta del conjunto, con un 1,21 sobre un máximo de 2, por delante de consumo (1,16), salud (1,09) y alimentación (1,05). Todos estos sectores se encuadran en la categoría de integración indirecta, lo que significa que la infancia empieza a aparecer en sus marcos generales de sostenibilidad y derechos humanos, aunque todavía no de forma explícita y sistemática.

El informe subraya que los sectores más regulados o con mayor exposición pública —entre los que la energía ocupa un lugar destacado— tienden a contar con estructuras de gobernanza, transparencia y gestión de impactos más desarrolladas. En el extremo opuesto, estética (0,42) y tecnología y gaming (0,56) registran las puntuaciones más bajas, lo que refleja una integración todavía muy incipiente de los derechos de la infancia en sus procesos de negocio.

Por qué la energía condiciona los derechos fundamentales de la infancia

El sector energético no es neutral respecto a la infancia. El acceso a energía limpia y asequible determina el funcionamiento de escuelas, hospitales, sistemas de saneamiento, calefacción y refrigeración. Al mismo tiempo, el modelo de producción y distribución de energía influye directamente sobre la calidad del aire, el agua, el clima y la equidad entre generaciones.

Los niños y niñas son especialmente vulnerables a la contaminación atmosférica, a los efectos de los eventos climáticos extremos, a la pobreza energética en el hogar y al deterioro medioambiental. Por ello, las decisiones que toma el sector tienen consecuencias tanto inmediatas como a largo plazo sobre las condiciones de vida de la infancia.

El estudio evaluó siete empresas representativas del sector —que abarcan generación y comercialización de energía renovable, servicios integrados, infraestructuras de transporte energético, combustibles, movilidad y transición energética— a través de seis dimensiones:

  • Gobernanza climática y financiera
  • Consideración de la infancia y equidad intergeneracional
  • Adaptación y resiliencia climática
  • Acceso a energía limpia y servicios esenciales
  • Impacto en contaminación y salud infantil
  • Intensidad de carbono y transición energética

El mejor desempeño del sector se concentra en gobernanza climática, con una puntuación de 1,61, impulsada por los avances en transparencia, reporte de emisiones, verificación externa y divulgación de objetivos ambientales. Sin embargo, las puntuaciones más bajas corresponden precisamente a las dimensiones que más directamente afectan a los menores: la consideración de la infancia y equidad intergeneracional y el impacto en contaminación y salud infantil, ambas con 0,93.

Brechas persistentes y recomendaciones de UNICEF al sector

Los autores del informe identifican una brecha estructural significativa: aunque el sector energético ha avanzado notablemente en materia climática y ambiental, estos progresos no se traducen todavía en una integración diferenciada de la infancia como grupo prioritario. Los niños y niñas aparecen con mayor frecuencia como destinatarios de programas sociales o de educación energética que como criterio explícito en las decisiones de inversión, gestión ambiental o acceso al suministro.

Dicho de otro modo: las empresas energéticas han aprendido a reportar emisiones y a fijarse objetivos de descarbonización, pero no han dado el paso de preguntarse de forma sistemática cómo su actividad —desde la generación hasta la distribución— afecta específicamente a los menores de su área de influencia.

UNICEF España formula varias recomendaciones concretas al sector energético:

  • Integrar de forma explícita los derechos de niños, niñas y adolescentes en las políticas corporativas, las evaluaciones de riesgo y las decisiones de inversión.
  • Considerar a la infancia como grupo prioritario en los procesos de debida diligencia climática, ambiental y social, identificando los impactos diferenciados que la actividad energética tiene sobre ellos.
  • Trasladar los avances en gobernanza climática hacia una mirada intergeneracional que vincule la transición energética con el bienestar presente y futuro de los menores.

El informe llega en un momento en que la transición energética acelera en España, con la expansión de las renovables, los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) y los fondos europeos movilizados a través de NextGenerationEU. Este contexto ofrece una oportunidad única para que las empresas del sector no solo lideren en indicadores climáticos, sino también en la protección de los derechos de quienes más dependen de un sistema energético limpio, accesible y equitativo: las generaciones más jóvenes.

El estudio de UNICEF España es, en definitiva, un recordatorio de que la transición energética tiene un componente social inseparable del ambiental, y que medir el impacto de las empresas energéticas sobre la infancia no es filantropía: es parte de una gestión responsable y con visión de futuro.

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