Las renovables crecen en la UE en 2025 mientras el carbón cae a mínimos históricos
El mix energético europeo vira hacia las renovables en 2025
El año 2025 está dejando una señal inequívoca en el panorama energético europeo: las fuentes renovables consolidan su crecimiento dentro del suministro eléctrico de la Unión Europea, mientras el carbón retrocede hasta registrar sus niveles más bajos de la historia. Una tendencia que refleja el avance estructural de la transición energética en el continente, aunque los datos detallados por tecnología y país aún están siendo recopilados por los organismos estadísticos europeos.
Este doble movimiento —más renovables, menos carbón— no es casual ni coyuntural. Responde a años de políticas de incentivo a las energías limpias, a la caída sostenida de los costes de generación solar y eólica, y a los compromisos de descarbonización asumidos por los Estados miembros en el marco del Pacto Verde Europeo y sus respectivos planes nacionales de energía y clima.
El carbón europeo, en caída libre
La reducción del carbón en el mix eléctrico de la UE es uno de los fenómenos más relevantes de la última década, pero en 2025 alcanza una dimensión inédita. Varios países que tradicionalmente dependían de esta fuente fósil han acelerado el cierre de sus plantas térmicas de carbón, impulsados tanto por los altos precios del CO₂ en el mercado europeo de derechos de emisión (ETS) como por la competitividad creciente de las alternativas renovables.
En el caso de España, el proceso de cierre de las centrales de carbón ya se completó en gran medida en años anteriores, por lo que el impacto doméstico de esta tendencia continental es más limitado. Sin embargo, la caída del carbón en países vecinos como Alemania, Polonia o República Checa tiene consecuencias directas sobre el mercado eléctrico europeo interconectado, influyendo en los precios y en los flujos de intercambio de electricidad.
El encarecimiento estructural de los derechos de emisión de CO₂ ha sido uno de los principales aceleradores de este proceso. Con el precio de la tonelada de CO₂ en niveles históricamente elevados, la generación con carbón resulta económicamente inviable frente a tecnologías sin coste de emisiones.
Renovables: crecimiento sostenido en solar y eólica
En el lado positivo del balance, las energías renovables —con la solar fotovoltaica y la eólica como protagonistas— continúan ganando cuota en el suministro energético europeo. La capacidad instalada de ambas tecnologías ha seguido creciendo en 2025, apoyada en un contexto regulatorio favorable y en la madurez industrial alcanzada por el sector.
La solar fotovoltaica, en particular, ha experimentado un crecimiento espectacular en los últimos años en toda Europa. España se sitúa entre los líderes del continente en nueva potencia instalada, con grandes plantas utility-scale en el sur peninsular y un mercado de autoconsumo —tanto residencial como industrial— en plena expansión. La eólica terrestre, por su parte, mantiene su papel como columna vertebral del mix renovable en países del norte y centro de Europa, mientras la eólica marina gana peso progresivamente en el Mar del Norte y el Báltico.
Este crecimiento renovable no solo tiene implicaciones climáticas, sino también geopolíticas. La guerra en Ucrania y la crisis del gas que sacudió Europa en 2022 pusieron de manifiesto la vulnerabilidad energética del continente frente a los combustibles fósiles importados. Acelerar el despliegue de renovables se ha convertido, desde entonces, en una prioridad tanto de seguridad energética como de competitividad industrial.
El reto: compatibilizar crecimiento renovable con estabilidad del sistema
El avance de las renovables plantea también desafíos técnicos y de mercado que la UE deberá gestionar en los próximos años. La intermitencia de la generación solar y eólica exige mayores inversiones en almacenamiento energético, interconexiones entre países y flexibilidad de la demanda. Las baterías de gran escala, el bombeo hidroeléctrico reversible y la gestión inteligente de redes son piezas clave en este puzle.
En paralelo, el debate sobre el papel del gas natural en la transición energética europea sigue abierto. Aunque su suministro también ha aumentado en 2025 como fuente de respaldo para cubrir la variabilidad renovable, la Unión Europea tiene el objetivo de reducir progresivamente su dependencia de esta fuente fósil, apostando por el biometano y el hidrógeno renovable como alternativas a largo plazo.
El balance de 2025 apunta, en definitiva, a una Europa que avanza en la dirección correcta: más limpia, más autónoma energéticamente y con un mix eléctrico cada vez más alejado del carbón. El ritmo al que se consolide este cambio dependerá, en buena medida, de la capacidad de los Estados miembros para mantener el impulso inversor y resolver los cuellos de botella administrativos y de red que aún frenan el despliegue renovable en algunos territorios.