El Niño Costero: Perú prevé hasta 36°C en pleno invierno austral
Alerta meteorológica de nivel extremo en plena temporada de invierno
Perú afronta una situación climática inusual: el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ha emitido un aviso de peligro extremo, vigente del 30 de julio al 1 de agosto, que anticipa temperaturas máximas de hasta 36°C en la costa norte del país, pese a encontrarse en pleno invierno austral. Se trata de un fenómeno directamente relacionado con El Niño Costero, que está alterando los patrones climáticos habituales de la región.
Según el organismo, la costa central registrará máximas de entre 24°C y 30°C, mientras que en la costa sur el termómetro oscilará entre 23°C y 30°C. También se prevén temperaturas elevadas en zonas de sierra: hasta 32°C en la sierra norte, 28°C en la sierra central y 29°C en la sierra sur. El aviso incluye además un aumento notable de la radiación ultravioleta, escasa nubosidad al mediodía y ráfagas de viento, factores que agravan el riesgo para la población.
La alerta afecta a un total de veinte regiones peruanas: Amazonas, Áncash, Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Callao, Cusco, Huancavelica, Huánuco, Ica, Junín, La Libertad, Lambayeque, Lima, Moquegua, Pasco, Piura, Puno, Tacna y Tumbes.
El Niño Costero altera el invierno austral
El Senamhi ya había advertido días antes que el invierno de 2026 presentaría temperaturas del aire muy por encima de los valores normales en la costa peruana, como consecuencia directa de El Niño Costero. Este fenómeno se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas del litoral de Perú y Ecuador, que puede provocar tanto temperaturas extremas como lluvias torrenciales en la costa.
Según los datos del organismo, la costa norte y centro del país podrían registrar temperaturas hasta 5°C por encima de lo habitual, debido a la persistencia de aguas cálidas frente al litoral. En Lima, capital del país, se espera un aumento notable del brillo solar, aunque conviviendo con las neblinas y lloviznas matutinas y nocturnas propias de la estación invernal.
Este comportamiento anómalo del clima se suma a otros fenómenos que en los últimos meses han puesto de manifiesto la creciente inestabilidad de los patrones meteorológicos globales, un contexto que refuerza la urgencia de acelerar la transición hacia modelos energéticos menos dependientes de los combustibles fósiles y con menor huella de carbono.
Previsión de un fenómeno de magnitud extraordinaria hasta 2027
La Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno de El Niño (Enfen) no descarta que el país afronte una versión de El Niño Costero de magnitud extraordinaria, que podría prolongarse hasta abril de 2027. Por el momento, la Comisión mantiene el estado de «alerta de El Niño Costero», con la probabilidad de que el evento continúe siendo de magnitud fuerte, aunque no se descarta que alcance su nivel más severo hacia finales de 2026.
En paralelo, el organismo también hace seguimiento de El Niño en el Pacífico ecuatorial central, un fenómeno relacionado pero distinto, que mantiene una mayor temperatura del mar en el centro del océano Pacífico y puede intensificar los efectos de El Niño Costero a través de ondas que llegan hasta la costa sudamericana. Se prevé que este fenómeno se extienda también hasta abril de 2027, con una magnitud «muy fuerte» estimada para noviembre y diciembre de 2026, y una posible intensidad fuerte durante el verano austral de diciembre de 2026 a marzo de 2027.
Un patrón que refuerza la necesidad de adaptación climática
Estos episodios de calor extremo fuera de temporada, cada vez más frecuentes en distintas regiones del planeta, ilustran los desafíos que plantea el cambio climático tanto para la gestión de riesgos meteorológicos como para la planificación energética e hídrica de los países afectados. La combinación de temperaturas anómalas, mayor radiación solar y alteración de los ciclos de lluvias exige a las administraciones públicas reforzar sus sistemas de alerta temprana y sus estrategias de adaptación a largo plazo.
Mientras Perú se prepara para las consecuencias inmediatas de este fenómeno, la comunidad científica internacional continúa vigilando su evolución, dado su potencial impacto en los ecosistemas costeros, la agricultura y la disponibilidad de recursos hídricos en la región andina y el Pacífico sudamericano.