Nuclear crece impulsada por la IA, pero el combustible es el freno
La demanda de IA reactiva el interés global por la nuclear
El resurgimiento de la energía nuclear está ganando impulso como respuesta al aumento sostenido de la demanda eléctrica mundial, impulsada por la expansión de la inteligencia artificial, la electrificación de la economía y la creciente preocupación por la seguridad energética. Según un análisis de la consultora Wood Mackenzie, la capacidad nuclear instalada en el mundo podría más que duplicarse de cara a 2060, en un escenario que abriría una oportunidad de inversión estimada en 3,1 billones de dólares.
El informe señala que más de 70 países estudian actualmente la construcción de nuevos reactores comerciales. En el escenario base de la consultora, a los 35 países que ya cuentan con centrales nucleares en funcionamiento podrían sumarse otros 44 durante las próximas décadas, lo que supondría una transformación notable del mapa energético mundial.
De la extensión de vida útil a los reactores de nueva generación
Wood Mackenzie distingue dos fases claras en este proceso de expansión. Hasta 2035, el crecimiento de la demanda eléctrica —especialmente el asociado a los centros de datos dedicados a la IA— se cubrirá principalmente mediante la extensión de la vida útil de los reactores existentes y la reactivación de instalaciones que habían sido cerradas.
A partir de esa fecha, el protagonismo pasará tanto a los reactores convencionales como a las tecnologías nucleares de nueva generación, favorecidas por diseños modulares, procesos de fabricación más industrializados, licenciamientos más ágiles y estándares de seguridad reforzados. Este cambio de modelo también implica una revisión de los criterios de financiación y gestión del riesgo en el sector.
El combustible, el eslabón más débil de la cadena
El principal desafío para que esta expansión se materialice no es tecnológico, sino de suministro. Aunque hoy existe capacidad disponible en minería, conversión, enriquecimiento y fabricación de combustible nuclear, buena parte de esa infraestructura permanece inaccesible por restricciones comerciales, sanciones y tensiones geopolíticas.
La concentración geográfica de la producción de uranio añade una vulnerabilidad adicional. Cinco países —Canadá, Kazajistán, Sudáfrica, Namibia y Rusia— concentran el 72% del suministro mundial. La guerra en Ucrania ha complicado las exportaciones kazajas hacia mercados occidentales, tradicionalmente canalizadas a través de territorio ruso, mientras Estados Unidos y Canadá intentan acelerar nuevos proyectos mineros para compensar el déficit. Las previsiones de Wood Mackenzie apuntan a que la demanda de uranio comenzará a superar la capacidad de producción durante la década de 2030.
El enriquecimiento, el gran cuello de botella
Si el uranio es la materia prima, el enriquecimiento es el proceso que concentra los mayores riesgos futuros. Estados Unidos sigue dependiendo de las importaciones y Europa occidental delega buena parte de esta actividad en operadores multinacionales. Incluso China y Rusia podrían enfrentarse a déficits de capacidad de enriquecimiento antes de 2040, según el análisis.
Aunque algunas empresas europeas podrían cubrir parte de la demanda asiática, la expansión prevista de la capacidad de enriquecimiento resultaría insuficiente frente al crecimiento global esperado. De hecho, Wood Mackenzie calcula que esta actividad absorberá aproximadamente el 50% de toda la inversión prevista en la cadena de suministro nuclear hasta 2060.
Gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido y varios países europeos ya promueven inversiones para desarrollar capacidad doméstica de enriquecimiento, aunque los largos plazos de construcción de estas instalaciones impedirán resolver el problema a corto plazo. La consultora estima que, tras un periodo inicial de sobrecapacidad, el mercado podría afrontar una escasez del 67% en capacidad de enriquecimiento hacia 2060.
Nuevos combustibles para una nueva generación de reactores
Paralelamente, la industria evoluciona hacia una nueva generación de combustibles nucleares diseñados para mejorar la seguridad, la eficiencia y la sostenibilidad de los reactores. Entre ellos destacan el HALEU (uranio de bajo enriquecimiento y alta concentración), los combustibles TRISO, el torio, las sales fundidas, el combustible MOX y los combustibles tolerantes a accidentes.
Cada una de estas tecnologías requerirá procesos de fabricación específicos, lo que obligará a desarrollar instalaciones industriales y cadenas de suministro especializadas desde cero. El caso del HALEU resulta especialmente ilustrativo: aunque su demanda actual es todavía reducida, los gobiernos occidentales lo consideran estratégico para reducir la dependencia del enriquecimiento ruso, lo que anticipa cambios profundos en los modelos de negocio de todo el ciclo del combustible nuclear.
Un debate que también atraviesa a España
Mientras el mundo discute cómo garantizar el combustible para una nueva era nuclear, en España el debate sobre el papel de esta tecnología en el mix eléctrico sigue abierto, en paralelo al crecimiento sostenido de la solar fotovoltaica y la eólica, que continúan marcando récords de generación renovable en el sistema eléctrico nacional.
La escasez proyectada en capacidad de enriquecimiento hacia 2060 podría convertirse en el principal obstáculo para que la nuclear cumpla su papel en la descarbonización global, según Wood Mackenzie.