El interés por baterías industriales sube un 75% tras el gran apagón
El apagón de abril de 2025 cambia las prioridades energéticas de las empresas
El gran apagón eléctrico que afectó a la Península Ibérica en abril de 2025 ha dejado una huella profunda en la estrategia energética del tejido empresarial español. Más allá de las pérdidas económicas inmediatas, que superaron los mil millones de euros, el episodio ha actuado como punto de inflexión en la forma en que las compañías entienden la seguridad de su suministro eléctrico.
Según un análisis elaborado por la empresa especializada en autoconsumo y Tú Solar, el interés por los sistemas de almacenamiento energético con baterías industriales se ha disparado un 75% en apenas dos años. El estudio, que examina más de 200 proyectos industriales desarrollados entre 2023 y 2025, refleja una transformación acelerada del mercado: si hace dos años solo una de cada cuatro consultas incluía la instalación de una batería, en 2025 ese porcentaje ya alcanzaba el 75% y actualmente se aproxima al 100%.
El almacenamiento, que hasta hace poco se percibía como una inversión reservada a las grandes industrias, se ha convertido en un elemento cada vez más habitual en los proyectos de eficiencia energética de empresas de distintos tamaños. De hecho, tres de cada diez instalaciones más recientes ejecutadas por la compañía ya incorporan sistemas de almacenamiento.
La continuidad del suministro, motivo principal para instalar baterías
El informe identifica la protección frente a apagones y microcortes como la razón principal que impulsa a las empresas a invertir en baterías industriales, citada por el 74% de las organizaciones analizadas. Esta preocupación por la resiliencia energética se ha intensificado notablemente tras comprobar de primera mano el coste que puede suponer una interrupción del suministro para la actividad productiva.
A esta motivación se suman otras dos razones relevantes señaladas en el estudio:
- La reducción de la potencia eléctrica contratada, objetivo mencionado por el 61% de las compañías.
- El mejor aprovechamiento de los excedentes generados por las instalaciones fotovoltaicas propias, presente en el 48% de los casos.
Este cambio de enfoque confirma una evolución de fondo: las empresas españolas ya no buscan únicamente reducir su consumo mediante el autoconsumo solar, sino también garantizar la continuidad de su actividad ante posibles incidencias en la red y optimizar al máximo la energía que generan.
La caída de precios del litio-ferrofosfato acelera la rentabilidad
El aumento de la demanda coincide con una reducción muy significativa de los costes de esta tecnología. El precio de las baterías de litio-ferrofosfato (LFP), las más utilizadas en aplicaciones industriales, ha caído alrededor de un 45% en los dos últimos años: de unos 450 euros por kilovatio hora en 2022 a aproximadamente 187 euros por kilovatio hora en la actualidad.
Este abaratamiento ha sido determinante para que numerosos proyectos que antes no resultaban viables económicamente ofrezcan hoy periodos de retorno de la inversión mucho más competitivos, lo que explica en buena medida la aceleración observada en el número de instalaciones con almacenamiento.
El consejero delegado de y Tú Solar, Ignacio Ley, considera que el apagón actuó como catalizador de una transformación que ya se venía produciendo en el sector energético, impulsada por la combinación de menores costes tecnológicos, la necesidad de reforzar la seguridad del suministro y la posibilidad de optimizar la factura eléctrica.
Un mercado de almacenamiento en expansión
El fenómeno observado en España se enmarca en una tendencia global de crecimiento del almacenamiento energético en baterías. Según datos de la consultora GlobalData, la capacidad mundial de esta tecnología se multiplicará por seis hasta 2030, con China y Estados Unidos liderando un mercado que crecerá a un ritmo anual del 42%.
En este contexto, el caso español ilustra cómo un evento disruptivo como el gran apagón puede acelerar decisiones de inversión que ya estaban en marcha por razones puramente económicas. La combinación de menores precios de las baterías LFP, el interés por reducir la potencia contratada y la necesidad de blindar la actividad empresarial frente a nuevas interrupciones configuran un escenario en el que el almacenamiento energético se consolida como pieza estratégica para la industria española, más allá de su papel tradicional como complemento del autoconsumo fotovoltaico.