Incendios forestales agravan riesgo de vertidos y pérdida de biomasa en España
Una nueva ola de calor amenaza con reactivar los grandes incendios activos
España afronta estos días una situación crítica en materia de incendios forestales, con cuatro grandes focos activos en Madrid, Ávila, Toledo y Castellón que, según las últimas informaciones, han calcinado ya cerca de 89.000 hectáreas en conjunto. Tras un breve respiro registrado la jornada anterior, las previsiones meteorológicas apuntan a una nueva ola de calor que podría complicar de nuevo las labores de extinción, en un verano que la Agencia Estatal de Meteorología ya ha calificado como excepcional.
La situación ha obligado a las autoridades a adoptar medidas extraordinarias. El Ministerio del Interior ha suspendido las labores de cosecha con maquinaria agrícola en la Comunidad de Madrid y en las provincias de Ávila y Toledo mientras dure el periodo de emergencia, al considerar que estas tareas suponen «un factor de riesgo significativo» en un contexto de temperaturas extremas y baja humedad relativa.
Ávila registra el incendio más devastador de la historia reciente
El fuego declarado en Burgohondo (Ávila) se ha convertido en el incendio forestal más destructivo desde que existen registros en España, tras arrasar más de 50.000 hectáreas en cinco días y afectar a cerca de 40.000 personas en dieciséis municipios. El perímetro del incendio alcanza ya los 160 kilómetros, aunque las autoridades autonómicas han mostrado cierto optimismo pese a que el fuego continúa sin estar controlado.
Los trabajos de extinción se concentran en sectores considerados prioritarios, entre ellos Mijares, Gavilanes, Casillas, Sotillo de la Adrada y Casavieja, así como en el entorno del embalse de San Juan y Cebreros, zona por donde avanza el frente procedente de Madrid.
Madrid, Toledo y Castellón: focos sin estabilizar pero con signos de mejora
En la Comunidad de Madrid, el incendio ha reducido su avance en las últimas horas, lo que ha permitido a los medios de extinción intensificar su actuación, aunque el fuego mantiene tres frentes activos sin estabilizar, el más peligroso al norte del pantano de San Juan. La superficie calcinada ronda ya las 28.000 hectáreas, con 300 efectivos, 50 vehículos terrestres y ocho medios aéreos desplegados. Trece localidades permanecen evacuadas y cinco confinadas.
En Toledo, los incendios han provocado la evacuación de unas 6.200 personas, si bien la evolución favorable ha llevado a la Junta de Castilla-La Mancha a estudiar rebajar el nivel de emergencia. El presidente autonómico ha expresado su esperanza en frenar el avance del fuego hacia la provincia, aunque ha reconocido que «los destrozos van a ser increíbles».
Por su parte, el incendio de Vall d'Uixó, en Castellón, ha dejado de estar fuera de capacidad de extinción tras tres días activo. La superficie quemada asciende a 8.500 hectáreas, con un perímetro de 72 kilómetros y la participación de más de 400 efectivos terrestres y 25 medios aéreos. Aunque se mantienen los confinamientos de cerca de 64.000 personas en varios municipios, algunos vecinos ya han sido autorizados a regresar de forma progresiva a sus domicilios.
Otros focos ya controlados o extinguidos
No todas las noticias son negativas. El incendio de Rábano de Aliste (Zamora), posiblemente originado por una cosechadora, ha quedado controlado tras arrasar unas 168 hectáreas de superficie arbolada, aunque la atención se traslada ahora a un nuevo fuego iniciado en Portugal, cerca de la frontera con esta provincia.
En Guadalajara, el incendio forestal de Selas ha sido dado por extinguido tras afectar a unas 2.800 hectáreas, según ha confirmado el Servicio de Prevención y Extinción de Incendios Forestales de Castilla-La Mancha.
Un verano marcado por olas de calor sucesivas
Estos incendios se enmarcan en un verano en el que las previsiones meteorológicas anticipan temperaturas por encima de lo habitual durante las próximas semanas, con posibilidad de nuevas olas de calor, aunque también de tormentas que puedan aliviar puntualmente la situación. La pérdida masiva de superficie forestal en episodios como este tiene implicaciones directas para la biomasa disponible y los ecosistemas forestales del centro y este peninsular, además de suponer un riesgo añadido para la seguridad de miles de personas confinadas o desalojadas de sus hogares.