El Niño amenaza la producción solar e hidroeléctrica en 2026

📅 ✍️ Redacción Energelia
Planta de producción de hidrógeno renovable

Un fenómeno climático con potencial impacto energético global

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha elevado al 97% la probabilidad de que se desarrolle una versión especialmente intensa de El Niño, un fenómeno climático cíclico que altera los patrones de precipitaciones y eleva la temperatura media global. Este episodio, que podría situarse entre los más potentes jamás registrados, reaviva las preocupaciones sobre su capacidad para desestabilizar sectores estratégicos, entre ellos el energético.

El Niño se produce de forma natural cada dos a siete años, pero los expertos climáticos advierten de que, en un contexto de calentamiento global ya acumulado, sus efectos podrían resultar más severos que en ocasiones anteriores. Las consecuencias no se limitan a la meteorología: se extienden a las cadenas de suministro, los mercados de materias primas y, de forma muy directa, a la generación de energías renovables.

Riesgo para la producción solar e hidroeléctrica

Uno de los aspectos más relevantes para el sector de las renovables es el impacto que este fenómeno podría tener sobre la generación de energía limpia. Según se desprende de análisis climáticos previos, la energía solar fotovoltaica podría ver reducida su eficiencia como consecuencia de las temperaturas extremas asociadas a El Niño, mientras que la producción hidroeléctrica se vería comprometida en aquellas regiones donde el fenómeno intensifica los episodios de sequía.

A esto se suma la presión que las olas de calor ejercen sobre las redes eléctricas, tensionadas por el aumento simultáneo de la demanda de climatización y por el propio calentamiento de los equipos e infraestructuras de transporte y distribución. Esta combinación de menor oferta renovable y mayor demanda plantea un desafío añadido para la estabilidad de los sistemas eléctricos en las zonas más afectadas.

Materiales críticos para la transición energética, también en juego

El impacto de El Niño no se limita a la generación eléctrica. En episodios anteriores del fenómeno se registraron caídas en la producción de materiales considerados críticos para la transición energética. Es el caso del cobre, esencial para infraestructuras eléctricas y renovables, cuya extracción en Chile se vio afectada por inundaciones, y del aluminio, cuya producción en China sufrió las consecuencias de periodos de sequía prolongada.

Ambos metales resultan indispensables para la fabricación de componentes clave del sector: desde cableado eléctrico hasta estructuras de paneles solares o componentes de aerogeneradores. Una disrupción en su suministro podría repercutir en los costes y plazos de ejecución de proyectos renovables a nivel global, en un momento en el que la demanda de estos materiales sigue creciendo de la mano de la electrificación y el despliegue de energías limpias.

La adaptación climática, una inversión pendiente

Ante este escenario, los expertos insisten en la necesidad de reforzar la capacidad de adaptación de las empresas frente a los riesgos climáticos recurrentes. Se trata de identificar vulnerabilidades en las cadenas de suministro y de valor, y de integrar estos riesgos en las decisiones estratégicas, ya sea en la selección de proveedores o en la ubicación de nuevos centros de producción, incluidas plantas de generación renovable.

Las necesidades de financiación para la adaptación al cambio climático se estiman en 70.000 millones de euros anuales en el conjunto de la Unión Europea, una cifra que según los análisis disponibles resulta actualmente insuficiente frente a los riesgos existentes. Pese a ello, la relación coste-beneficio de este tipo de inversiones suele situarse entre 2 a 1 y 10 a 1, lo que refuerza el argumento a favor de anticiparse a estos fenómenos en lugar de gestionar sus consecuencias una vez producidas.

Para el sector de las renovables, el reto es doble: por un lado, garantizar la resiliencia de las infraestructuras de generación solar, eólica e hidroeléctrica frente a fenómenos climáticos extremos; por otro, asegurar el suministro estable de materiales críticos como el cobre y el aluminio, indispensables para sostener el ritmo de despliegue que exige la transición energética en los próximos años.

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