Desinformación climática en España: el cambio climático ya es el segundo tema con más bulos

Desinformación climática en España: el cambio climático ya es el segundo tema con más bulos

📅 ✍️ Redacción Energelia

El cambio climático, segundo tema con más desinformación percibida en España

La desinformación científica ha dejado de ser un fenómeno de crisis puntual para instalarse como ruido de fondo permanente en la dieta informativa de los españoles. Así lo concluye la segunda edición del estudio sobre desinformación científica elaborado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), presentado este julio de 2026.

Si en la edición anterior, publicada en 2022 con la resaca de la pandemia, las vacunas y el covid concentraban la mayor parte de los bulos percibidos, el nuevo informe refleja un panorama muy diferente. La desinformación se ha diversificado y domesticado: ya no se circunscribe a grandes controversias públicas, sino que afecta a decisiones cotidianas sobre alimentación, salud o medio ambiente.

Según los datos del estudio, el 40% de la sociedad española cree recibir más información falsa sobre nutrición y bienestar. Le sigue de cerca el cambio climático, con un 36,2%, por delante de los tratamientos médicos (31,9%) y las propias vacunas (28,3%), que ceden terreno pese a que los bulos sobre inmunización no han desaparecido.

En el caso concreto del clima, la percepción de desinformación ha crecido 3,5 puntos porcentuales respecto a 2022, un dato llamativo si se tiene en cuenta que el medio ambiente y la ecología siguen siendo los temas científicos menos consumidos por la población (solo el 29,2% los sigue habitualmente). El informe también preguntó, por primera vez, sobre los grandes incendios forestales de verano: el 18,7% de los encuestados declaró haber recibido información falsa sobre su origen.

Las redes sociales y la IA, principales vectores de bulos sobre clima

Las redes sociales se consolidan como el canal más consultado para informarse sobre ciencia, pero también como el que genera mayor desconfianza. Siete de cada diez personas que afirman haber recibido desinformación científica en la última semana señalan como vía principal las redes de vídeo —YouTube, Instagram, TikTok— (70,7%) y las redes de texto —Facebook, X, Bluesky— (70,5%). No obstante, el informe matiza que el canal presencial (el boca a boca) y el telefónico superan en volumen de propagación a las plataformas digitales.

La gran novedad de este estudio es la irrupción de la inteligencia artificial como fuente de información científica. El 32,4% de los españoles ya usa herramientas de IA para informarse sobre ciencia al menos una vez a la semana, una frecuencia que supera a la de la prensa tradicional. Sin embargo, solo el 33,7% confía en la IA como fuente fiable, una paradoja que el propio informe compara con la lógica de consumo de las redes sociales: se usa lo accesible e inmediato aunque no se confíe plenamente en ello.

La diferencia, subraya el estudio, es que la IA es más opaca en su funcionamiento y genera contenidos cuya veracidad resulta más difícil de verificar para el ciudadano medio, lo que la convierte en un vector especialmente problemático para temas complejos como el cambio climático.

En cuanto a la confianza institucional, la sociedad española sigue otorgando alta credibilidad al personal científico (83,8%) y a la Agencia Estatal de Meteorología (73,9%), organismos clave a la hora de comunicar riesgos climáticos. En el extremo opuesto, los políticos (11,9%), los gobiernos autonómicos (28,9%) y el Gobierno de España (29,1%) generan muy poca confianza cuando hablan de ciencia. Los periodistas tampoco salen bien parados: el 45,6% de los encuestados les atribuye responsabilidad en la creación de bulos.

El sesgo de superioridad y el papel de las emociones en la propagación de bulos climáticos

Uno de los hallazgos más reveladores del informe tiene que ver con la autopercepción ciudadana. El 51,5% de los encuestados se considera capaz de detectar desinformación por sí mismo, pero solo el 3% cree que el ciudadano promedio español tiene esa misma habilidad. Este «sesgo de superioridad informativa» genera una consecuencia práctica: la demanda de regulación pública. El 63,8% de los españoles apoya que el Gobierno restrinja la información falsa, incluso si eso implica limitar la libertad de prensa.

El informe también arroja luz sobre los mecanismos psicológicos que favorecen la propagación de bulos. Cuando las personas reflexionan sobre la credibilidad de un contenido antes de compartirlo, la difusión de desinformación se frena, aunque con el coste colateral de que también se reduce la propagación de informaciones verdaderas. Por el contrario, cuando el estímulo es reflexionar sobre las emociones que genera un contenido, la tendencia a compartirlo —sea verdadero o falso— aumenta significativamente.

Este mecanismo es especialmente relevante para los temas de cambio climático, que con frecuencia apelan a emociones intensas como el miedo, la indignación o la incertidumbre. Los factores que más incrementan la probabilidad de compartir desinformación científica son, según el estudio, el pensamiento conspirativo, las actitudes populistas hacia la ciencia y el consumo pasivo de noticias.

Ante este diagnóstico, los autores del informe apuestan por una mayor alfabetización mediática y científica, orientada específicamente a entrenar la verificación en el momento en que un contenido genera una reacción emocional fuerte: precisamente cuando más difícil resulta ejercer el pensamiento crítico y más necesario se vuelve hacerlo.

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Redacción Energelia