Cuba sufre su tercer apagón nacional de 2026 con millones sin luz
El Sistema Electroenergético Nacional de Cuba colapsa por tercera vez en 2026
Cuba atraviesa una nueva crisis de suministro eléctrico de alcance nacional. Este lunes, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) sufrió una desconexión total que dejó sin electricidad a toda la isla, aproximadamente a unos nueve millones de habitantes. Es la tercera vez en lo que va de 2026 y la octava en menos de dos años que el país caribeño experimenta un colapso completo de su red eléctrica.
Diez horas después del blackout, la recuperación avanzaba de forma muy lenta. En La Habana, con cerca de dos millones de habitantes, la compañía estatal Unión Eléctrica (UNE) confirmaba que solo se había restituido el suministro a 48.252 clientes, lo que representa apenas el 5,6% de los 787.000 usuarios registrados en la capital. La empresa precisó que el restablecimiento se realiza de manera gradual y progresiva, condicionado por el estado del propio SEN.
Hasta el momento no se ha dado a conocer la causa técnica concreta que desencadenó este nuevo colapso.
Una recuperación técnicamente compleja: microsistemas e islas energéticas
La reconexión de una red eléctrica nacional tras un apagón total es un proceso de gran complejidad técnica. En el caso cubano, los protocolos de recuperación implican la creación de microsistemas o «islas» que utilizan fuentes de arranque autónomo —generación solar, pequeñas instalaciones hidroeléctricas y motores de generación— para producir electricidad de forma local. Estas islas se van interconectando progresivamente hasta formar áreas regionales con suministro que, a su vez, permiten energizar las grandes centrales termoeléctricas y sincronizarlas con el sistema general.
El director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas (Minem), Lázaro Guerra, explicó a la televisión estatal que se habían iniciado los arranques de diversas unidades generadoras en el occidente de la isla, paso que calificó de «clave» para llevar energía a las centrales termoeléctricas del país.
En apagones anteriores, este proceso de reconexión ha llegado a prolongarse más de 24 horas e incluso varios días. En otras ocasiones, se recurría al apoyo de centrales flotantes y motores diésel o fueloil distribuidos por el territorio, por su rapidez de arranque y su independencia de la red. Sin embargo, según los propios técnicos, actualmente esos equipos están fuera de servicio por falta de combustible.
Una crisis energética estructural agravada por el bloqueo de combustible
La situación actual no es un episodio aislado, sino el resultado de una crisis energética que se ha ido intensificando desde mediados de 2024 y que alcanza su punto más crítico en los últimos meses. La causa principal es la drástica reducción del suministro de petróleo y sus derivados a la isla, sometida a sanciones que impiden la llegada de importaciones de crudo.
Desde hace más de seis meses, Cuba solo ha recibido un único cargamento relevante de crudo: el del petrolero ruso Anatoli Kolodkin, que en abril aportó unas 100.000 toneladas como ayuda humanitaria, suficiente para aproximadamente 15 días de operación. Esa escasez de combustible ha dejado sin operar a los grupos de generación más flexibles del sistema, precisamente los más útiles para gestionar situaciones de emergencia.
La infraestructura termoeléctrica del país acumula décadas de explotación y un déficit crónico de inversiones. La central termoeléctrica Antonio Guiteras, el mayor bloque generador de la isla, ha registrado ya 17 salidas de operaciones por avería en lo que va de 2026. En las últimas semanas, los cortes en La Habana han superado las 24 horas consecutivas e incluso las 40 horas en algunas zonas, generando un creciente descontento social.
Expertos independientes estiman que sería necesaria una inversión de entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar el sistema eléctrico cubano, una cifra que resulta inasumible en el contexto actual de la economía de la isla.
El caso cubano ilustra, desde una perspectiva extrema, la vulnerabilidad de los sistemas eléctricos dependientes de combustibles fósiles importados y con infraestructuras envejecidas, frente a los modelos de generación distribuida y renovable que apuestan por reducir esa dependencia estructural.