Cataluña roza solo el 11,7% de energía renovable en su consumo final

📅 ✍️ Redacción Energelia
Atardecer aerogeneradores en el campo

Cataluña, lejos de sus objetivos renovables para 2030

Un nuevo informe elaborado por la Oficina de Transición Energética de la Cámara de Sabadell pone sobre la mesa un dato que invita a la reflexión: tan solo el 11,7% del consumo final de energía en Catalunya procede de fuentes renovables. La cifra se queda notablemente por debajo de los objetivos marcados para 2030, tanto a nivel catalán como en el marco del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).

El estudio, bautizado como 'Radiografia de la Transició Energètica', analiza en detalle la situación de la descarbonización en Catalunya y, de forma específica, en la comarca del Vallès Occidental. Según los datos recogidos, el porcentaje mejora ligeramente si se observa únicamente el ámbito eléctrico, donde las renovables cubren un 21,6% de la demanda, una proporción que sigue siendo insuficiente frente a los compromisos climáticos adquiridos.

La transición energética, un factor de competitividad empresarial

Uno de los mensajes centrales del informe es que la transición energética ha dejado de ser solo una cuestión ambiental para convertirse en un elemento estratégico de competitividad para las empresas catalanas. En un contexto de elevada dependencia energética exterior, volatilidad de precios y riesgos geopolíticos, la cámara defiende que el autoconsumo, la eficiencia energética y la generación propia de energía renovable son herramientas clave para lograr costes energéticos más estables y predecibles.

Esta visión conecta con una tendencia que se observa en todo el tejido empresarial español: cada vez más compañías industriales apuestan por el autoconsumo solar y por proyectos de generación distribuida como vía para reducir su exposición a la volatilidad del mercado eléctrico y reforzar su independencia energética.

Transporte e industria, los grandes retos pendientes

El informe de la Cámara de Sabadell señala al transporte y a la industria como los dos sectores que concentran los mayores niveles de consumo energético y de emisiones de gases de efecto invernadero en Catalunya. Son, por tanto, los ámbitos donde resulta más urgente actuar si se quieren cumplir los compromisos climáticos fijados tanto a escala autonómica como estatal.

En el caso de la industria, la electrificación de procesos, la mejora de la eficiencia energética y la incorporación de energías renovables en los propios centros productivos aparecen como las palancas más efectivas. En el transporte, la electromovilidad y el impulso de combustibles alternativos se perfilan como piezas imprescindibles de cualquier estrategia de descarbonización seria.

Renovar el parque de viviendas, otra asignatura pendiente

Más allá del tejido empresarial, el informe pone el foco también en el parque residencial catalán. Gran parte de las viviendas de Catalunya se construyeron antes de que entraran en vigor las actuales exigencias de eficiencia energética, lo que se traduce en edificios con un consumo energético notablemente superior al que podrían tener con una rehabilitación adecuada.

La Cámara de Sabadell reclama impulsar la renovación de estos inmuebles como paso necesario para avanzar hacia un parque inmobiliario de cero emisiones netas, un objetivo que exigirá movilizar inversión pública y privada en los próximos años, especialmente en un contexto donde la rehabilitación energética de edificios sigue siendo uno de los grandes retos estructurales de la transición ecológica en España.

Un diagnóstico que exige respuestas coordinadas

El diagnóstico que plantea este informe no es nuevo en su fondo, pero sí resulta útil para dimensionar la distancia que separa a Catalunya de sus metas de descarbonización. Con un 11,7% de consumo final renovable y un 21,6% en el mix eléctrico, la región necesita acelerar de forma notable el despliegue de energías limpias, tanto en generación como en electrificación de usos finales, si quiere alinearse con los objetivos de 2030.

La cámara insiste en que esta transformación no debe entenderse solo como una obligación regulatoria, sino como una oportunidad para que las empresas catalanas ganen competitividad a través de menores costes energéticos y mayor resiliencia frente a la incertidumbre de los mercados internacionales de energía.

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