Bomberos forestales reclaman regulación laboral ante incendios cada vez más virulentos

📅 ✍️ Redacción Energelia
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Incendios más rápidos y virulentos: una nueva realidad para los bomberos forestales

La campaña de incendios forestales en España vuelve a poner en primer plano la situación de los bomberos forestales, un colectivo que trabaja en condiciones de extremo peligro y que lleva años reclamando mejoras en su marco laboral. Fuegos cada vez más rápidos, con llamas que pueden alcanzar los seis metros de altura y favorecidos por temperaturas extremas, definen una temporada que los propios profesionales califican como especialmente dura.

El contexto es elocuente: múltiples focos activos en Cataluña, Cádiz, Castellón, Picos de Europa y el este de Almería, donde uno de los incendios más trágicos de los últimos años dejó una huella difícil de olvidar. En este escenario, los profesionales de la extinción insisten en un mensaje que el ruido mediático suele oscurecer: el mayor peligro en un incendio no siempre está en el frente de llamas, sino en los fallos de organización.

El protocolo OACEL: la herramienta que puede salvar vidas

Carlos Martín, jefe de cuadrilla de las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF), explica que apagar incendios exige un protocolo estricto. Concretamente, defiende que la actividad de extinción quede regulada por el protocolo OACEL —observación, comunicación, ruta de escape y lugar seguro— dentro de un reglamento específico de prevención de riesgos laborales para este colectivo.

Uno de los riesgos más temidos por los profesionales es que, en un entorno tan cambiante, una ruta de escape hacia una zona segura quede comprometida sin que nadie lo detecte a tiempo. «Ese miedo se tiene», reconoce el experto. Y ese miedo tiene fundamento: los incendios actuales son entornos altamente dinámicos, con cambios constantes en la organización de los equipos, los horarios y la entrada y salida de personal durante la emergencia.

Martín subraya que este protocolo debe ser «sagrado» y que no puede romperse en ningún punto, siendo una prioridad permanente para los mandos de las BRIF. La clave, insiste, no es solo la valentía individual, sino la coherencia organizativa del dispositivo de extinción.

Reclamaciones pendientes: tiempos de trabajo, enfermedades profesionales y riesgos tóxicos

Más allá de los protocolos operativos, el colectivo de bomberos forestales arrastra una deuda regulatoria que afecta directamente a su seguridad y salud. La ley básica aprobada en 2024 dejó pendientes aspectos fundamentales que, según los propios afectados, debían haber estado aprobados en noviembre de ese mismo año.

  • Regulación de los tiempos de trabajo: en la actualidad, hay bomberos forestales que trabajan más de 24 horas consecutivas durante una emergencia, una situación que no solo pone en riesgo su salud, sino también la eficacia y seguridad de toda la operación.
  • Reconocimiento de enfermedades profesionales: la exposición continuada a humos, gases tóxicos y sustancias cancerígenas durante la extinción no está suficientemente reconocida en el marco legal vigente.
  • Reglamento específico de prevención de riesgos laborales: el actual marco trata el trabajo de extinción como si fuera trabajo selvícola o forestal convencional, sin diferenciar los riesgos específicos que conlleva, como la exposición a elementos tóxicos y cancerígenos.

Esta situación contrasta con la exigencia real del trabajo. A diferencia de otros oficios del entorno forestal, los bomberos de las BRIF operan en condiciones que no tienen parangón con las labores de mantenimiento o silvicultura, y su marco normativo debería reflejarlo.

La prevención, asignatura pendiente que gana visibilidad

Una de las frases más repetidas entre los profesionales del sector resume bien la filosofía que debería guiar la política forestal: «Los incendios se apagan en invierno». La idea es clara: la prevención —tratamientos sobre la vegetación, evaluación de zonas de riesgo, concienciación ciudadana y simulacros— es más eficaz y más barata que cualquier dispositivo de extinción.

Carlos Martín reconoce que, en los últimos meses, se ha producido un cambio positivo en la percepción social sobre la importancia de la prevención, algo que históricamente quedaba eclipsado por la cobertura mediática de las emergencias. A raíz de los graves sucesos de 2025, los medios de comunicación han prestado más atención a la fase preventiva, lo que, en opinión del experto, puede traducirse en un cambio de mentalidad tanto en la sociedad como en las administraciones públicas.

La campaña de 2026 arranca con condiciones que los propios profesionales describen como propensas a incendios de rápida propagación: las abundantes lluvias de los últimos meses han generado mucho material fino —hierba seca, matorral bajo— que actúa como vector conductor del fuego. Si a eso se suman periodos de sequía intensa y temperaturas extremas, las condiciones para incendios de gran virulencia estarán servidas.

El mensaje del colectivo es doble: más inversión en prevención durante el invierno y una regulación laboral que esté a la altura del riesgo real que asumen quienes se juegan la vida para proteger el monte y las poblaciones rurales.

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