12.263 MW desbloqueados, pero el acceso a la red eléctrica avanza demasiado lento
12.263 MW desbloqueados en cuatro meses: la buena noticia que no alcanza
El mapa de capacidad de acceso a la red eléctrica española ha empezado a moverse. La comparación entre las publicaciones de capacidad de acceso de la demanda del pasado 20 de febrero y del 1 de junio revela que 70 nudos en la frontera entre la red de transporte y la de distribución que figuraban sin acuerdo cuentan ya con valor de referencia asignado. Entre ellos destacan nudos de gran envergadura, como Romica 400 o La Plana 400, con capacidades superiores a los 550 MW cada uno. En total, se han asignado 12.263 MW adicionales y el conjunto de nudos con valor de referencia ha pasado de 235 a 303.
El avance tiene una explicación concreta: la obligación de publicación mensual del estado de los nudos, unida a la exigencia de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) de justificar cada desacuerdo, ha empujado a Red Eléctrica de España (REE) y a las distribuidoras a cerrar acuerdos que antes quedaban bloqueados. El problema, como se sospechaba en el sector, no era técnico sino de voluntad de negociación entre operadores.
Sin embargo, la celebración tiene un límite claro. Sobre los aproximadamente 542 nudos con interfaz transporte-distribución que REE llegó a contabilizar, todavía queda por cerrar una parte muy considerable. A un ritmo de 68 nudos netos en poco más de tres meses, completar el mapa se mediría en años, no en meses. Y eso en un contexto en el que hay 11,8 GW de demanda ya otorgada en la red de transporte que aún no está en servicio, con una cola creciente de proyectos aguardando conexión.
El cuello de botella real: el criterio dinámico y un decreto que no llega
Más allá de los acuerdos de valores de referencia, existe un segundo frente que condiciona de forma estructural la capacidad de conexión disponible. El llamado criterio dinámico —que evalúa la robustez de los equipos de demanda frente a huecos de tensión en la red— es el factor que de verdad limita la capacidad en la mayoría de los nudos. El propio REE advirtió de que, sin requisitos mínimos de robustez frente a estos huecos, cerca del 90% de los nudos quedarían con capacidad nula o prácticamente nula.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico identificó esta palanca con claridad. En febrero de 2026 sometió a audiencia pública un proyecto de real decreto que obligaría a los nuevos consumos a soportar huecos de tensión, lo que permitiría aflorar capacidad de acceso que hoy no puede otorgarse técnicamente. El plazo de alegaciones se cerró el 16 de marzo. Varios meses después, esa norma sigue sin publicarse.
La paradoja resulta difícil de sostener. En ese mismo periodo, la administración ha declarado que la electrificación es «necesaria y urgente», ha impuesto a los promotores de demanda una prestación mensual por reservar capacidad para desincentivar el acaparamiento, les exige códigos de actividad económica vinculantes y los somete a plazos de caducidad estrictos. Se pide al sector privado diligencia, compromiso y velocidad, con sanción si no los cumple. Pero ese mismo reloj no aprieta en el único lugar donde puede desbloquearse el principal limitante técnico del sistema.
Lo que está en juego: centros de datos, hidrógeno e industria esperando conexión
La frontera transporte-distribución no es un tecnicismo menor. Es la capa de red por la que se conecta la inmensa mayoría de los nuevos consumos residenciales, comerciales e industriales del país. España aspira a convertirse en destino de grandes centros de datos, de proyectos de hidrógeno renovable y de nuevos procesos de reindustrialización. Todos ellos dependen de poder conectarse a la red en tiempo y forma.
Cada mes de retraso en cerrar nudos pendientes o en publicar el real decreto de robustez es una decisión de inversión que se aplaza o que se marcha a otro país. Los mecanismos actuales presentan además una asimetría estructural: los acuerdos de valores de referencia dependen de REE y las distribuidoras, y cuando no hay acuerdo, los operadores solo están obligados a comunicar a la CNMC las causas y proponer soluciones, sin que exista ningún mecanismo que fuerce el cierre. La norma de robustez, en cambio, es competencia exclusiva del Ministerio, y ahí sí reside la palanca que la propia administración ha identificado.
La buena noticia —12.263 MW desbloqueados en cuatro meses— demuestra que el problema tiene solución cuando existe voluntad de abordarlo. Lo que el sistema necesita ahora es trasladar esa misma urgencia a dos frentes concretos: un calendario vinculante para cerrar los nudos pendientes entre REE y las distribuidoras, y la publicación sin más demora del real decreto que establece los requisitos de conexión de la demanda. Sin esas dos palancas activadas al mismo tiempo, España seguirá documentando con precisión milimétrica, mes a mes, un cuello de botella que el país no puede permitirse mantener.
Este artículo recoge y amplía el análisis publicado por Iñigo Malo de Molina, director de Desarrollo de Negocio de Statera Energy en Iberia.