Reforma del ETS europeo: más plazos y financiación para la industria
Un cambio de filosofía en el mercado europeo del carbono
La Unión Europea prepara una reforma de calado en el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión (ETS, por sus siglas en inglés), el mecanismo que obliga a las empresas más contaminantes a pagar por cada tonelada de CO2 que emiten. El objetivo declarado por Bruselas es doble: mantener la senda hacia una reducción del 90% de las emisiones netas para 2040 y, al mismo tiempo, evitar que esa exigencia climática penalice la competitividad de la industria europea frente a terceros países con normativas más laxas.
El planteamiento de fondo reconoce una realidad incómoda: los sectores donde más queda por descarbonizar -acero, cemento, aviación, transporte marítimo y química- son también los más difíciles de transformar. Las alternativas tecnológicas existen, pero requieren inversiones cuantiosas y plazos de ejecución largos que no se resuelven con calendarios rígidos. Por eso la Comisión Europea plantea dar más tiempo, más financiación y más flexibilidad, sin renunciar a la ambición climática original.
Más margen para la industria a partir de 2030
Uno de los ejes centrales de la reforma es la ralentización del ritmo al que se reduce la cantidad de derechos de emisión disponibles en el mercado. El denominado Factor de Reducción Lineal (LRF) pasaría del 4,3% actual al 3,7% anual entre 2031 y 2035, y al 1,7% entre 2036 y 2040. Es decir, el mercado seguirá reduciendo derechos disponibles, pero a un ritmo menos abrupto que el previsto hasta ahora.
En paralelo, se recalibra la Reserva de Estabilidad del Mercado (MSR), el mecanismo que retira derechos de emisión del mercado cuando hay excedentes. Su tasa de absorción bajaría del 24% al 12% a partir de 2028, con umbrales dinámicos que se reducirían un 4% anual desde 2029. En la práctica, esto limita la retirada de permisos y deja más derechos circulando en el sistema.
La reforma también retrasa de 2034 a 2038 la eliminación de las asignaciones gratuitas de derechos de emisión para los sectores cubiertos por el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), el instrumento que iguala el coste del carbono entre productos europeos e importaciones procedentes de países con exigencias climáticas menores. Además, se reduce del 2,5% al 2,0% anual la tasa máxima de recuperación de los valores de referencia utilizados para calcular esas asignaciones gratuitas, medida que junto a una revisión acelerada de parámetros entre 2026 y 2030, podría liberar alrededor de 6.000 millones de euros adicionales en asignaciones gratuitas.
Ahora bien, ese acceso a las asignaciones gratuitas ya no será incondicional: el 80% se otorgará de forma inicial, pero el 20% restante quedará condicionado a que las empresas ejecuten realmente las inversiones de descarbonización comprometidas, salvo para el 10% de las instalaciones más eficientes del sector.
Un banco de 100.000 millones para financiar la descarbonización
La medida que mejor resume el giro de enfoque de la reforma es la creación del Industrial Decarbonisation Bank (IDB), un instrumento con el que la Comisión pretende movilizar hasta 100.000 millones de euros para respaldar proyectos de descarbonización industrial. Como primer paso, el llamado ETS Investment Booster aportará unos 30.000 millones de euros -equivalentes a aproximadamente 400 millones de derechos de emisión- destinados a impulsar inversiones tempranas en tecnologías limpias.
A esta iniciativa se suma el refuerzo del uso de los ingresos que genera la subasta de derechos de emisión. Bruselas propone que los Estados miembros destinen al menos el 50% de esos ingresos a inversiones en los sectores cubiertos por el ETS, lo que podría movilizar unos 100.000 millones de euros adicionales antes de 2030. El mensaje de fondo es claro: el ETS deja de funcionar únicamente como mecanismo de fijación de precios y pasa también a operar como herramienta de redistribución de recursos hacia la transición industrial.
Créditos internacionales y absorciones de carbono
La propuesta abre además la puerta, de forma limitada, a los créditos de carbono internacionales: hasta un 2% del esfuerzo de reducción del ETS entre 2036 y 2040 podría cubrirse con créditos de alta calidad adquiridos de forma centralizada, un modelo pensado para mantener el control sobre la calidad ambiental de esos créditos.
Otra novedad relevante es la integración de hasta 250 millones de toneladas de absorciones permanentes de carbono entre 2031 y 2040, pensadas para compensar emisiones residuales que resulten imposibles de eliminar mediante medidas convencionales. Esto impulsa de forma indirecta el desarrollo de tecnologías de captura y almacenamiento de CO2, hasta ahora al margen de la arquitectura formal del ETS.
Ampliación a aviación, transporte marítimo y residuos
La reforma amplía también el alcance sectorial del sistema. En aviación, extenderá la cobertura del ETS a vuelos internacionales de hasta 5.000 kilómetros a partir de 2029, lo que incluiría rutas desde la UE hacia destinos como Estambul, Dubái o Doha.
En el transporte marítimo se incorporarán nuevas categorías de buques, de entre 400 y 5.000 toneladas de registro bruto, y se creará el mecanismo Sustainable Maritime Alternative Propulsion (SMAP), orientado a reinvertir ingresos del sistema en combustibles y tecnologías de propulsión más limpias para el sector naviero.
Por último, la propuesta plantea incorporar de forma gradual la incineración de residuos municipales al ETS entre 2031 y 2034, ampliando el sistema a una fuente de emisiones que hasta ahora quedaba fuera de su radio de acción.
En conjunto, la reforma dibuja un ETS más flexible en los plazos pero más exigente en los condicionantes: la industria europea gana margen temporal y acceso a financiación, a cambio de comprometerse de forma verificable con la ejecución real de sus planes de descarbonización.