La CE propone flexibilizar el sistema ETS a cambio de inversiones en descarbonización

📅 ✍️ Redacción Energelia
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La Comisión Europea revisa el ETS: más margen para emitir a cambio de invertir en verde

La Comisión Europea ha presentado una reforma del sistema de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea (EU ETS, por sus siglas en inglés) que plantea un cambio de calado: permitir a la industria comunitaria emitir más CO2 del que estaba previsto hasta ahora, a condición de que ese margen adicional se acompañe de mayores inversiones en descarbonización.

El ETS es el principal mecanismo de política climática de la UE. Obliga a las plantas industriales, a la aviación y al sector marítimo a adquirir derechos de emisión por cada tonelada de dióxido de carbono que liberan a la atmósfera. La lógica del sistema es sencilla pero potente: la cantidad total de créditos disponibles se reduce cada año, lo que hace que su precio suba progresivamente y que resulte cada vez más rentable adoptar tecnologías y procesos de producción con menores emisiones.

Qué cambia respecto a la normativa actual

La legislación vigente, diseñada para cumplir los objetivos climáticos de 2030, contemplaba una reducción anual de los derechos de emisión del 4,4%, un ritmo que llevaría a la extinción total de estos créditos en torno a 2039.

La reforma ahora propuesta modifica ese calendario en dos tramos:

  • Desde 2030, el porcentaje de reducción anual bajaría al 3,5%.
  • Desde 2036, el recorte se moderaría aún más, hasta el 1,7% anual.

En la práctica, esto significa que las instalaciones sujetas al ETS podrán emitir más toneladas de CO2 durante más años de lo que la normativa anterior establecía. La propuesta debe ser acordada ahora por los Estados miembros en el Consejo de la UE y por el Parlamento Europeo antes de entrar en vigor.

Junto a la modificación del ritmo de reducción, la reforma incorpora más de veinte nuevos sectores y subsectores industriales al sistema de ayudas vinculado al ETS, ampliando así su alcance y mejorando las condiciones de apoyo para las actividades ya incluidas.

Un equilibrio delicado entre competitividad y ambición climática

La propuesta refleja la tensión que atraviesa actualmente la política industrial y climática europea. Por un lado, la industria de la UE lleva meses reclamando alivio frente a los elevados costes del carbono, que considera un lastre competitivo frente a rivales de terceros países sujetos a regulaciones menos estrictas. Por otro, organizaciones ecologistas y una parte del espacio político europeo advierten de que relajar el ETS podría comprometer los objetivos de neutralidad climática.

La Comisión Europea ha defendido su planteamiento argumentando que la reforma busca acelerar la electrificación industrial y movilizar inversión privada en tecnologías limpias, bajo la premisa de que un sistema demasiado estricto en el corto plazo puede acabar desincentivando la reinversión si pone en riesgo la viabilidad económica de sectores estratégicos.

El debate sobre el ritmo adecuado de reducción de emisiones en la industria pesada —acero, cemento, química, refinado— no es nuevo en Bruselas, pero cobra especial relevancia en un momento en que la competitividad europea frente a Estados Unidos y China ocupa el centro de la agenda política del bloque.

Implicaciones para el sector renovable y la descarbonización industrial

Para el sector de las energías renovables, la reforma del ETS tiene una lectura ambivalente. Un precio del carbono más bajo durante más tiempo puede reducir el incentivo económico inmediato para que la industria contrate contratos de suministro eléctrico renovable (PPA), invierta en electrificación de procesos o instale sistemas de autoconsumo industrial. Sin embargo, si la contrapartida exigida a cambio del mayor margen de emisiones se traduce en inversiones reales y verificables en descarbonización —como la sustitución de combustibles fósiles por electricidad renovable o hidrógeno verde—, el efecto neto podría resultar positivo para el despliegue de tecnologías limpias.

La clave estará en los detalles de implementación: qué tipo de inversiones computan como suficientes, cómo se verifican y qué mecanismos de control evitan que la flexibilidad se convierta simplemente en una prórroga de las emisiones sin transformación estructural real.

La propuesta entra ahora en la fase de negociación interinstitucional, un proceso que habitualmente se extiende varios meses y en el que tanto el Consejo como el Parlamento Europeo introducirán sus propias enmiendas. El resultado final determinará en qué medida la reforma del ETS actúa como palanca de la transición energética industrial o, por el contrario, la ralentiza.

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